Homenaje a Ricardo Mejía Samaniego a 5 años de su cobarde asesinato.

Mostrando entradas con la etiqueta populismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta populismo. Mostrar todas las entradas

viernes, 12 de julio de 2024

LA 4T EN SU LABERINTO: DE LA CONSULTA POPULAR A LA DEMOCRACIA PARTICIPATIVA

POR IRD2

Hablar de democracia participativa y de la consulta popular como uno de sus ejercicios requiere recordar la consulta por el reconocimiento de los pueblos indios y por el fin de la guerra de exterminio impulsada por el EZLN, el 21 de marzo de 1999 en la que acudieron a votar cerca de 3 millones de mexicanos, más o menos la mitad de la que se manifestó en las urnas el pasado 2 de agosto del 2021, para decidir la judicialización y  eventual encarcelamiento de los ex presidentes, en virtud de la corrupción y los crímenes cometidos contra el pueblo.

La consulta zapatista se desarrolló sin recursos institucionales, impulsada por brigadas que se desplegaron a lo largo y ancho del país con el apoyo de comunidades, barrios y distintos sectores populares, artistas e intelectuales, que les brindaron alimento, posada y aliento para seguir el camino de su lucha.

Más del 95% de los votantes en la consulta zapatista estuvo a favor de los derechos indígenas y se pronunció a favor de la propuesta de ley elaborada por la COCOPA, exigió la desmilitarización de las comunidades indígenas y se expresó por la paz. Ni los neoliberales salinistas, zedillistas, foxistas, calderonistas y peñistas hicieron eco de este grito salido de la Selva Lacandona, como tampoco lo ha hecho el gobierno de la 4T, cargando la cruz de los tiempos en que se vestía de amarillo.

Desde tempranas horas de la tarde noche del 2 agosto del 2021 ya se conocían los resultados preliminares de la consulta obradorista para juzgar a los ex presidentes, habían transcurrido las horas y las masas no llegaban, de un total de cerca de 6 millones 300 mil votantes-participantes, el 97.7%, aproximadamente, se manifestó por el SI, en tanto que más del 90% del padrón se abstuvo de participar.

Del mismo modo que las preguntas formuladas durante la consulta zapatista en marzo de 1999, fueron blanco de la descalificaciones de todo tipo, las preguntas formuladas por la consulta obradorista, fueron también objeto de críticas y descalificaciones, pero a diferencia de la zapatista, la pregunta original obradorista pasó por el laberinto del andamiaje institucional que prevalece en los tiempos de la 4T, pagando el costo de su rango constitucional, fue deformada al límite del entendimiento, de tal modo que solo el sentido común convertido en “sabiduría popular” y el resentimiento del agravio social podía orientar la participación del pueblo.

A contra corriente del INE, de los medios de comunicación hegemónicos y del bloque de poder neoliberal, salinista-cevallista, con sus franquicias partidistas PRI-PAN-PRD y de las propias vacilaciones presidenciales, no fueron pocos los ciudadanos mexicanos y luchadores sociales que se volcaron a la organización y promoción de la consulta. Un día después éstos amanecieron con desvelo y un mal sabor de boca, en tanto que el “líder” de la 4T, desde la Casa presidencial en el Zócalo capitalino, desde días antes se había curado en salud, al manifestarse públicamente y en las mañaneras, en contra del juzgamiento de los ex presidentes y había propiciado la especulación con su intención abstencionista.

Por su puesto el presidente tiene sus razones para haber asumido esta posición controvertida. Como lo ha explicado en las mañaneras, en un ejercicio de transparencia e información sin precedente en la vida política de México, se entiende que no quiere distraerse de asuntos de mayor calado y que van en beneficio de la población, lo que ocurriría si se ocupa de promover la justicia por la corrupción y los crímenes del pasado reciente.

Es decir, para el presidente las prioridades son económicas: promover el mercado interno, tutelar una mejor distribución de la riqueza y los impuestos (dígase una parte de la plusvalía social), favorecer el ingreso de la población y por consecuencia su capacidad de consumo, propiciar incentivos para el desarrollo de una pequeña y mediana industria nacional, más el impulso de la infraestructura (Aeropuerto, Tren Maya, Refinería Dos Bocas, etc.), de la mano del gran capital, así sea neoliberal. En suma, el presidente entiende que para desplazar al neoliberalismo y su modelo de acumulación capitalista salvaje y tayloriano, requiere favorecer las condiciones para la implantación de un nuevo modelo de acumulación capitalista más benefactor y con rostro popular, por no decir populista, aunque el mismo presidente ha manifestado no tener problema con el termino, si con ello se quiere decir que busca favorecer al pueblo, en sus ingresos y condición de vida.

En contrapartida el reclamo de justicia por la corrupción y los crímenes del pasado reciente, lo llevan a una abierta confrontación política con los factores de poder que se anudan en torno al modelo de acumulación capitalista neoliberal y que se focalizan en algunos personajes políticos como el ex presidente Salinas de Gortari y el ex senador Diego Fernández de Cevallos y otros.

Sin duda el carácter de esta confrontación, reclamaría su total atención, porque sería necesario llevarla hasta sus últimas consecuencias, en virtud de que, si por algo se caracteriza el sector neoliberal de la burguesía, es por sus actitudes gansteriles, las mismas que emplearon en los asesinatos de Colosio y Ruiz Massieu. Desatada la confrontación en estas dimensiones, Obrador no podría irse tranquilo a La Chingada, su rancho, sin velar por su seguridad de manera permanente.

Al priorizar la ruta económica por sobre la política en la implantación del modelo económico benefactor y populista, el presidente busca preservar y ampliar su base social a través de una política de subsidio social y clientelar, que le resulte suficiente para negociar con los grupos de poder neoliberales la reconfiguración de la dominación de la clase dominante en un bloque de poder hibrido en el que puedan coexistir, como ya lo hacen, pero sobre la base de no extremar la miseria y la descomposición social, por cuanto esta es caldo de cultivo para la violencia, no solo la derivada del narcotráfico coludido con los grupos neoliberales, sino lo que es peor para toda clase dominante, la violencia social y política de carácter insurgente.

Estudiosos de la fenomenología populista en la Universidad de Ciencias sociales en la Habana Cuba, han señalado que: “Al propugnar la industrialización y la protección a la industria nacional, simultáneamente a la participación popular y la justicia social, (el populismo) logra una amalgama de intereses que lo hace viable como proyecto dentro de determinadas coyunturas nacionales e internacionales.” Pero también advierten que: “El éxito del proyecto populista y de sus tareas - la consolidación del mercado interno, la modernización capitalista, el impulso al crecimiento industrial - reduce su atractivo para la burguesía en tanto el populismo no puede prescindir de las masas y de su movilización, lo cual siempre constituye una posibilidad de desbordar el orden establecido.”

Sin duda en el orden internacional y en materia geopolítica la viabilidad del proyecto económico y político de la 4T se ve favorecido por un entorno donde el fortalecimiento de los movimientos populistas y de orientación socialista, particularmente en América Latina, se robustecen con su alianza y más recientemente con el triunfo en Perú del enigmático candidato proveniente de un partido autoproclamado marxista-leninista y mariateguista, Pedro Castillo, “El pata”, como dicen los peruanos para referirse a la gente que viene del pueblo.

Los recientes posicionamientos del obradorismo en torno a los actos conmemorativos del natalicio de Simón Bolívar, que apuntaron a la necesidad de sustituir la OEA por otro organismo regional independiente del control imperial, se dan en el contexto, no solo de la “Crisis de Capitolio” y del nuevo “Plan Marshall” del presidente Biden, orientado ahora a revitalizar la economía estadounidense, colapsada por la pandemia y el endeudamiento, sino también de la recuperación de los movimientos populistas y socialistas, que revirtieron el golpe en Bolivia y que ahora también, apuntalan la candidatura del hace poco proscrito Lula en Brasil, sumados a los movimientos sociales en Chile impugnando la constitución pinochetista y en Colombia al paramilitarismo y al narco poder del uribismo, exhibido en sus heces, por la participación de más de 23 ex militares colombianos en el artero asesinato del presidente de Haití.

No obstante, lo anterior, si el obradorismo que aun cuaja en la 4t, prescinde de la participación popular, convertida en movilización callejera, por el temor a “ser rebasado por la izquierda”, como lo ha expresado en más de alguna ocasión en sus conferencias mañaneras, pondrá en predicamento la viabilidad de su proyecto y les abrirá espacios a los grupos neoliberales para fortalecer su reposicionamiento. No olvidemos en este sentido que personajes como Manuel Bartlett y Esteben Moctezuma, en el pasado han sido alfiles de la contrainsurgencia neoliberal y el apuntalamiento del narcotráfico. No sobra recordar, que el primero era Secretario de Gobernación cuando el fraude electoral salinista del 88 y el asesinato del periodista Manuel Buendía y su conspicua relación con el otrora hombre fuerte de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) José Antonio Zorrilla Pérez no pasaba desapercibida, en tanto que el segundo, era también Secretario de Gobernación, cuando el zedillismo, en medio de un proceso de dialogo con el zapatismo, pretendió aprender y “desenmascarar” al entonces subcomandante Marcos.

El sentido original de la consulta popular obradorista fue rasurada al pasar por el Congreso y la Suprema Corte al límite de su viabilidad como instrumento de lucha, por el contrapeso que en el ejercen las franquicias neoliberales, lo mismo ocurre en la judicatura convertida en dique de las contrarreformas estructurales neoliberales, como la energética, anclada en un océano de amparos empresariales, sin que el presidente se decida al recurso de la movilización popular.

El sentido de la democracia participativa en los tiempos de la 4T es útil para la lucha social anticapitalista y por el socialismo en la medida en que esa participación no se reduce a los espacios institucionales y burocratizados como el INE, digno de la plutocracia racista, en sintonía con la judicatura y las desprestigiadas cámaras de diputados y senadores, por el comportamiento corrupto y venal de la gran mayoría de sus integrantes.

En esta dirección la “democracia participativa” tiene un “rostro plebeyo”, irreverente, entendido en sentido estricto, evoca el “poder del pueblo”, más no es con el debate parlamentario, ni con la revocación de mandato, ni con la consulta popular, ni con la suspensión del fuero presidencial, como la “voluntad popular” transita a fuerza social por el socialismo, aun cuando éstas conquistas, desde el punto de vista constitucional y republicano, ayudan y apuntalan el tránsito de la conciencia popular a conciencia de clase, en la medida en que le brinda consignas a la lucha social y política contra la deriva fascista y se constituye en nuevos punto de partida para la movilización como acción de resistencia,

Cuan necesario es para el proyecto de la 4T, que el obradorismo recupere la consignas que tocaron la sensibilidad de amplios sectores del pueblo que le vio nacer como su “líder”: “al carajo las instituciones”, y “primero los pobres”, porque detrás de él, se asoman ya los rostros elitistas del populismo ramplón que no tardara en esclerotizar a Morena y su gobierno.

Por su puesto, los alcances de la democracia participativa en un gobierno popular, obrero y campesino son de mucho mayor calado y son fundamentales para la consolidación de un gobierno de orientación socialista. La consulta popular, la revocación de mandato, la rotación de funcionarios, el armamento del pueblo, los consejos obreros y otras formas de participación directa nacieron como prácticas en la Comuna de París en 1871 y han sido reivindicadas por el marxismo como formas de ejercer el poder.

Nada de lo anteriormente expuesto nos debe conducir a menospreciar y descalificar el esfuerzo realizado por los ciento de miles de luchadores y pueblo en general que participó en la consulta. Su experiencia constituye desde ya un caudal de creatividad y voluntad popular de combatir sin la cual es impensable un proceso de trasformación radical de la sociedad.

Fueron millones los participantes de la consulta que se expresaron por el SI al enjuiciamiento de los ex presidente y lo hicieron en abierta confrontación con los poderes neoliberales instalados en la república, este es el camino del aprendizaje que permite elevar los niveles de conciencia de las masas que hoy no deben caer en la frustración, lejos de eso, debemos alentarlas, compartir las conclusiones de su experiencia y retroalimentarlas con las nuestras, aplaudiendo su esfuerzo sin la soberbia del supremacista de izquierda, sino con la humildad del marxista que entiende la necesidad de “ser pueblo, hacer pueblo y estar con el pueblo”.

El Hecho mismo de que las consultas populares, desde las zapatistas, hasta las obradoristas, hayan llegado para quedarse y sean parte ya de la arquitectura y la confrontación de clases a nivel nacional, nos habla de la conciencia de una época determinada por la modernización capitalista y la insurgencia anticapitalista.

De la conciencia de una coyuntura, determinada por el anhelo de la modernización capitalista y el Estado republicano, en contradicción con el “destino manifiesto” imperial y su “consenso” neoliberal, hoy se abre camino la conciencia socialista de las masas, como una experiencia de lucha vivencial, aunque la misma transite por ahora velada, por las consignas antiimperialista, anti oligárquicas neoliberales. Es nuestra tarea facilitarle al pueblo el “asalto a la razón” capitalista.



sábado, 31 de julio de 2021

LOS AMIGOS DEL PUEBLO EN LOS TIEMPOS DE LA 4T

Por IRD²

En México, el arribo de Obrador a la presidencia de la República ha dado lugar a diversas posiciones y conductas políticas. En este artículo damos por supuesto que nadie, al menos desde la izquierda socialista, se atrevería a sostener que el programa de gobierno de la 4T pretende una ruptura con el capitalismo. 

En un sector de la izquierda socialista, es usual todavía encontrar el apelativo de socialdemócrata y reformista, para referirse al gobierno de la 4T, pero la medida de los conceptos es insuficiente para describir y explicar lo que observamos y vivimos: En América Latina la vocación reformista no la encontramos uncida a la ideología socialdemócrata, de hecho muchas de sus expresiones las encontramos encabezadas por militares, como veremos más adelante al hacer un recuento de los gobiernos latinoamericanos identificados como populistas.

En México destaca la figura del General Lázaro Cárdenas y el entonces constituido Partido de la Revolución Mexicana (PRM), antecedente del PRI, a quien años después se pretendió ponerle el saco socialdemócrata: “La aparición de esta corriente en México se dio con la fundación del Partido Socialdemócrata en los años ochenta, dirigido por el ex militante priista Manuel Moreno Sánchez. Su participación en las elecciones presidenciales de 1982 pasó a la historia sin pena ni gloria. Sin embargo, la filiación previa de este político nos avisa de una larga y confusa relación del Partido Revolucionario Institucional (PRI) con el proyecto socialdemócrata. El PRI, en varias ocasiones, se ha declarado parte de la socialdemocracia y tal pretensión debe ser evaluada con seriedad.”

“En los noventa el PRI pasó de ser “miembro observador” a “miembro consultivo” en la Internacional Socialista (IS). En 2003 este partido se convirtió en miembro pleno de la IS, reivindicando en ese espacio su identidad socialdemócrata. Más allá de esta adhesión formal, difícilmente el PRI calificaría como una entidad socialdemócrata conforme a parámetros políticos serios: durante décadas no abonó a la política democrática propia de la tradición socialdemócrata sino a una autoritaria.”  (https://www.nexos.com.mx/?p=43129 ); Jesús Rodríguez Zepeda

En México la categoría y el ideal socialdemócrata se mueven en terreno pantanoso, entre las tinieblas del PRI y los remos extraviados de la izquierda. 

El concepto “bonapartista” y/o “cesarismo”, deslizado por Marx en “El 18 brumario de Luis Bonaparte” y otros escritos, es de pronto tentador como opción explicativa de la 4T, en la medida que da cuenta de la existencia de un “bloque de poder” y/o “régimen personal”, que bajo determinadas condiciones históricas, es capaz de privilegiar el interés general de la clase burguesa, por sobre el de sus fracciones.

Pero no olvidemos la “distancia oceánica” que nos separa del “viejo mundo” y la implicación que tiene la diferencia de los contextos históricos, económicos y socio-culturales. Es por lo anterior que se aconseja cautela a la hora de retomar algunos conceptos emergidos del estudio de los fenómenos políticos europeos. En su obra “Fausto”, Goethe nos recuerda que “gris es la teoría y verde el árbol de la vida”.

Desde la derecha, con cepa en el salinismo y el cevallismo, “las rancheras” para referirse a la 4T se cantan diferentes. Aquí las consignas fundamentalistas con propósitos golpistas corean el anticomunismo y en el mejor de los casos, acusan al gobierno de populista con ánimo peyorativo y estigmatizante, tal fue el caso del conocido video de la campaña político electoral contra el hoy presidente, en la que se le calificó como un “peligro para México”

El termino POPULISTA data de mucho tiempo, lo encontramos emparentado con las luchas sociales en distintos contextos históricos, pero el uso arbitrario y discrecional con el que se esgrime, obnubila el alcance explicativo que puede brindar.

No obstante, lo anterior diversos investigadores se han ocupado del estudio del concepto y a partir de la experiencia histórica registrada en distintos países de América Latina, han brindado una caracterización útil para describir lo que hoy acontece en la tierra donde el águila se come a la serpiente.

Un par de años antes de que AMLO ganara la elección presidencial y diera inicio el gobierno de la 4T, desde la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, de la Habana Cuba, el Dr. José Bell Lara, nos aporta 10 características básicas del populismo: (Revista Estudios del Desarrollo Social vol.4 no.3 La Habana sep.-dic. 2016, Ensayo / Ortodoxia, Movimiento 26 de julio, Socialismo, versión On-line ISSN 2308-0132,)

1.- Los movimientos populistas son movimientos pluriclasistas que representan las aspiraciones económicas y políticas de los sectores medios y de amplias capas populares cuya ideología espontánea no trasciende el sistema (capitalista), pero demanda una mejora de su condición social específica y cuestiona la práctica política de la oligarquía.

2.- En la realidad latinoamericana el populismo es un fenómeno multidimensional: económico, político, social e ideológico que expresa la conciencia de un determinado "tiempo histórico" concreto en las sociedades subdesarrolladas: el tránsito de la economía agroexportadora a la economía semi-industrial urbana.

3.- Su liderazgo proviene de los sectores medios y en oportunidades de sectores de la burguesía que propugna un desarrollo nacional. El liderazgo tiende a corporeizarse en una figura carismática. El vínculo de unión entre líderes y masas es una amalgama ideológica con elementos de nacionalismo, antiimperialismo, rasgos socializantes que insisten en la distribución de las riquezas sin cuestionar la propiedad privada, pero se plantea darle una función social.

4.- De ese conglomerado ideológico forman parte también exigencias sociales básicas y una reivindicación moral-social.

5.- Es un movimiento político que goza del apoyo de los trabajadores urbanos y/o el campesinado, pero que no es resultado del poder organizacional autónomo de ninguno de esos dos sectores.

6.- El populismo sintetiza la convergencia de intereses de fuerzas sociales heterogéneas - trabajadores urbanos, clases medias, sectores de la burguesía - que aúnan sus fuerzas contra los sectores oligárquicos para lograr un determinado desarrollo nacional.

7.- Concibe al Estado como agente del desarrollo. Dentro de esta concepción se acentúa su papel intervencionista con medidas para proteger la industria nacional, promover la inversión en ramas decisivas para el desarrollo capitalista, nacionalizar sectores que están en manos extranjeras y que poseen valor estratégico y asumir el desarrollo de sectores no rentables, pero necesarios al funcionamiento del sistema.

8.- El populismo combina a un mismo tiempo, por su naturaleza, elementos conservadores y elementos progresistas, asume un proyecto burgués, pero lo asienta en la movilización popular

9.- Al propugnar la industrialización y la protección a la industria nacional, simultáneamente a la participación popular y la justicia social, logra una amalgama de intereses que lo hace viable como proyecto dentro de determinadas coyunturas nacionales e internacionales.

10.- El éxito del proyecto populista y de sus tareas - la consolidación del mercado interno, la modernización capitalista, el impulso al crecimiento industrial - reduce su atractivo para la burguesía en tanto el populismo no puede prescindir de las masas y de su movilización, lo cual siempre constituye una posibilidad de desbordar el orden establecido.

Cualquier similitud de la caracterización anterior con el gobierno de la 4T en México, NO ES UNA CASUALIDAD, las ideas y practicas populistas, son parte de la historia latinoamericana desde finales del siglo XIX, pero se posicionan como alternativa política, tras la depresión económica mundial de 1929.

En el contexto de la crisis mundial del capitalismo y la gran recesión estadounidense, Keynes postula las tesis centrales del Estado Benefactor (Teoría General del Empleo, el Interés y el Dinero”, 1936) y Víctor Raúl Haya de la Torre en Perú, postula lo que algunos investigadores consideran, los primeros argumentos del populismo latinoamericano (El imperialismo y el APRA, 1929.): “… se puede afirmar que la primera formulación de los elementos centrales que luego definirían el populismo se encuentra en el libro más importante de Víctor Raúl Haya de la Torre, El antiimperialismo y el APRA (1929), pero sin utilizar el término, el cual se popularizaría pocas décadas después. Algunas de sus ideas centrales serían luego retomadas tanto por los regímenes como por la sociología latinoamericana. (Los orígenes del populismo latinoamericano: una mirada diferente, Omar González. https://www.redalyc.org versión on-line ISSN 2443-468X, Cuadernos del CENDES)

Cuando Víctor Raúl Haya de la Torre (V.R.H.T) se dio a la tarea de escribir “El antiimperialismo y el APRA”, lo hizo como respuesta a la dura crítica expuesta por Julio Antonio Mella en su trabajo ¿Qué es el APRA?, publicado en el contexto de la realización en 1927, del Congreso Mundial Antiimperialista, reunido en Bruselas, y en el que se expusieron las TESIS que marcaron la ruptura del APRA, con la Tercera Internacional (COMINTERN).

Aunque la publicación del escrito de V.R.H.T se produjo 7 años después (1937) de su realización y cuando J. A. Mella ya había sido asesinado, las tesis apristas ya eran catalogadas por el Comintern como un pensamiento de orientación POPULISTA.

Entre las tesis que se exponen en “El Antiimperialismo y el APRA” se encuentran:

1.- Que se requería de un marxismo que respondiera a las condiciones concretas del contexto “indoamericano” (termino que toma de Vasconcelos para referirse a “Nuestra América”), por oposición al europeo con matriz en Moscú. En esta dirección, sentenció que, en la Unión Soviética, aún no existía el socialismo, y que prevalecía el capitalismo de Estado.

2.- Que en “Indoamérica” persiste una convivencia de tipo feudal y de tipo capitalista en un mismo Estado Nacional, de esta peculiaridad se desprendería el carácter básicamente extractivo, más que manufacturero, de nuestras economías y en este contexto, el imperialismo constituye el principal obstáculo para el desarrollo independiente y soberano del capitalismo y no se presenta como la “fase superior del capitalismo”, sino que fue el conducto primigenio por el cual se articularon las economías regionales a la órbita capitalista.

3.- Que se requería de la integración de los “Estados Unidos Latinoamericanos”, para hacerle frente y contrapeso al imperialismo, en el marco de una relación colaborativa y de respeto a las soberanías, toda vez que “Ningún país subdesarrollado podría salir de su retraso sin la ayuda económica y tecnológica de los países desarrollados. (“antiimperialismo constructivo”)

4.- Que la lucha antiimperialista y de liberación nacional reclamaba la constitución de un “Frente Único” en el que no solo se requería la participación de los obreros y campesino, sino también de los pequeños propietarios y empresarios, de los profesionistas, los estudiantes y maestros. Su principal referente en este sentido, era la lucha de Augusto C. Sandino en Nicaragua.

5.- Que no podía haber una” revolución social” que modificara las condiciones de vida de los explotados, sin una “revolución democrática”, “Ni pan sin libertad, ni libertad sin pan” (Democracia Social)

6.- Que los “empresarios privados” pueden ser los propietarios de sus recursos, pero el Estado tiene que ejercer control sobre los medios de producción y las riquezas del país.

Muchas de las prácticas e ideas populistas nutrieron la visión política del Estado benefactor, en tanto que, las tesis Keynesianas nutrieron la visión económica del ideario populista. Se configuro así, una trama simbiótica entre ambas corrientes del pensamiento político y económico, de tal modo que, en el plano latinoamericano, emergieron como alternativa a la crisis del Estado oligárquico liberal, que eclosiona a consecuencia de la crisis del 29 del siglo XX y a quien, en adelante, le disputan la hegemonía del Estado-Nacional.

Por lo común, se denomina populistas en el S.XX, a los gobiernos del Gral. Juan Perón en la Argentina (1946-55); de Juan José Arévalo primero (1944-1950) y de su Ministro de Defensa después, el Capitán Jacobo Árbenz Guzmán, (1950-1954), en Guatemala; de Getulio Vargas y la Junta Militar (1930-1954) y João Golat (1961-64) en Brasil; del Gral. Lázaro Cárdenas (1934-40) en México; de Víctor Paz Estensoro (1952-56/1960- 64-1985-1989) y Hernán Siles Suazo (1956-60, 1982-1985) en Bolivia; de José María Velasco Ibarra (1934-35/ 1944-47/1952-56/1956-61/1968-72) en Ecuador; del Gral. Juan Francis Velazco Alvarado (1968-1975), en Perú; del Gral. Omar Torrijos (1968-1981) en Panamá; del Gral. Oswaldo López Arellano (1972-1975) en Honduras y también son considerados como populistas algunos movimientos políticos como el APRA peruano, o el Gaitismo colombiano, fundado por Jorge Gaitán; El “Tenentismo” en Brasil (Siqueira Campos, Joao Alberto Linz de Barros, Juárez Távora y Miguel Costa) en la década del 20 y la Liga militar junto a la revolución juliana en Ecuador (julio 1925).

A la vertiente populista la encontramos también en Cuba, con profunda raíz y tradición hacia finales del siglo XIX, pero brindando combatientes, apoyo logístico e ideas programáticas al “Movimiento 26 de Julio”, en la primera mitad del S. XX.

En México, el populismo se asoma en la consumación de una Revolución burguesa, reivindicada en la constitución del 1917, considerada una de las más avanzadas de su época en materia de derechos sociales, destacando el articulo 123 y el 27 constitucional. Lo encontramos también en el gobierno Cardenista, Bajo el signo “socialista”, del “populismo cardenista” y de la mano de Lombardo Toledano, se constituye el Partido Popular Socialista, instrumento imprescindible para entender el corporativismo del movimiento obrero y campesino, que se prolongaría por décadas en la historia de México, no obstante lo anterior, es con el cardenismo que surgen las Normales Rurales, de donde emergen, posteriormente, luchadores sociales como Lucio Cabañas Barrientos, Comandante y fundador histórico del Partido de los Pobres, con su célebre consigna : ¡¡Ser pueblo, hacer pueblo, y estar con el pueblo¡¡, mientras en sus “discursos de la sierra”, explica a sus combatientes, predominantemente campesinos, la diferencia entre pobres y ricos, para revelarles las condiciones de clase social que subyacen en la explotación capitalista y en el horizonte socialista. Que decir de los comandantes Arturo Gamiz, Pablo Gómez y Oscar González Eguiarte, líderes de las juventudes y militantes del PPS, impulsores de la Unión General de Obreros y Campesinos de México (UGOCM), que abren en México la gesta armada por el socialismo, con el asalto al Cuartel Madera en Chihuahua y mueren con el epitafio del general que los sepulta, arrojando sus cuerpos inermes a una fosa común: “tierra querían y harta tierra les damos”

La narrativa populista cabalga también con los “oprimidos”, con “los de abajo”, en la “conciencia popular” en forma radical y armada, revolucionaria, con una matriz pedagógica, propia del maestro que entiende de secuencia didáctica en el aprendizaje que conduce a la conciencia de clase proletaria, desbordando en la práctica el “adoctrinamiento bancario” de los postulados marxistas.

Desde antes del triunfo electoral obradorista, las consignas de “primero los pobres” y al “carajo las instituciones” formaron parte de la narrativa de lo que hoy es la 4T, y esos pobres se convirtieron en una voluntad popular de 30 millones de mexicanos que empujaron y aun empujan por la reversión del proceso neoliberal que los condena a la miseria y al capitalismo salvaje y sin tener un horizonte socialista, están dispuestos a salir a las calles al llamado de “su líder” y es justamente en las calles y en los caminos de la sierra donde se “empodera lo popular” y se producen las “transiciones de la conciencia”.

La lucha callejera, como los caminos de la sierra, alientan y acrisolan el “instinto del pueblo”, como “sabiduría popular”, tensan, además, usualmente hasta la muerte o la cárcel, la contradicción de las facciones burguesas que se disputan la nación. Es ahí donde la democracia participativa y las consignas socialistas, se convierten en punto de ruptura con lo viejo que no acaba de morir y con lo nuevo que no acaba de nacer.

En la lucha por el poder, la liberación nacional y el socialismo, tres casos en américa latina son paradigmáticos por sus triunfos: la Revolución Cubana con Fidel Castro como líder histórico indiscutible, la Revolución Sandinista concebida por Carlos Fonseca Amador y la Revolución Bolivariana con Hugo Chaves Frías en Venezuela. Otro es el caso boliviano y su proyecto de Estado Plurinacional, inédito en su configuración ideológica-política, de orientación socialista.

Ninguna de las revoluciones triunfantes en América Latina, se caracterizó inicialmente por el abanderamiento explícito de su postulado marxista y/o leninista, aun cuando entre sus cuadros y combatientes, esto era más que un secreto a voces. En estos casos, la “conciencia socialista” transito velada en la “conciencia popular” por la narrativa antiimperialista, anti dictatorial y anti oligarca neoliberal.

De la conciencia de una coyuntura, determinada por el anhelo de la modernización capitalista y el Estado republicano, en contradicción con el “destino manifiesto” imperial y su “consenso” neoliberal, hoy se abre camino la conciencia socialista de las masas, como una experiencia de lucha vivencial. Es nuestra tarea facilitarle al pueblo el “asalto a la razón” capitalista.

En esta dirección la “democracia participativa” tiene un “rostro plebeyo”, irreverente, entendido en sentido estricto, evoca el “poder del pueblo”, más no es con el debate parlamentario, ni con la revocación de mandato, ni con la consulta popular, ni con la suspensión del fuero presidencial, como la “voluntad popular” transita a fuerza social por el socialismo, aun cuando éstas conquistas, desde el punto de vista constitucional y republicano, ayudan y apuntalan el tránsito de la conciencia popular a conciencia de clase, en la medida en que le brinda consignas a la lucha social y política contra la deriva fascista y se constituye en nuevos punto de partida para la movilización como acción de resistencia.

Es de suyo sabido, entre quienes han estudiado el fenómeno populista, que éste tiene también una presentación elitista e institucional, es un populismo liberal y ramplón, por su temor a la movilización popular, que lo encontramos en México, prendido de la revolución mexicana, sublimada a condición de “mito”, como una sombra distorsionada del cardenismo, en presidentes como Adolfo López Mateos y López Portillo, evocando un nacionalismo con fines contrainsurgentes, estatizando la banca y administrando Pemex hasta la quiebra; lo encontramos en el denominado “milagro mexicano” y la política de sustitución de importaciones.

Esta es la deriva del populismo que, teniendo una raíz plebeya, queda atrapado y se esclerotiza enredado entre los intereses de la burocracia, de los gestores sociales subrogados, asfixiados por las presiones fiscales derivadas del gasto social benefactor-clientelar, y de otras contradicciones inherentes al Capitalismo de Estado y a la composición hibrida de su bloque de poder.

Si la alternativa populista ensamblada al Estado benefactor prescinde o renuncia de la movilización popular, se condena al colapso como proyecto de transformación nacional; compromete su modelo de acumulación capitalista y colapsará frente a la resistencia imperial y sus corifeos nacionales, hoy embarcados en el proyecto mundial de dominación transnacional, fincando como núcleo corporativo de dominación y de poder, a los organismos financieros internacionales. (Globalización capitalista)

En sus vacilaciones, inherentes a la conformación social y política, de un bloque de poder hibrido en su composición de clase, el Estado Benefactor- populista, no tardará en suplantar la naturaleza “carismática de su líder”, por formas institucionales y “nuevos liderazgos”, que expresando los interés de una pequeña burguesía industrial, de una burocracia gerencial y de una intelectualidad jacobina, asentarán su condición de dominio con una tendencia clara al autoritarismo y a la subordinación del gran capital, cuando no al retorno de las posiciones perdidas por las fracciones neoliberales. Este recorrido lo hemos visto en México y en otros escenarios históricos de Nuestra América.