Homenaje a Ricardo Mejía Samaniego a 5 años de su cobarde asesinato.

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miércoles, 9 de marzo de 2022

Número 4 de nuestro Órgano Informativo PODER POPULAR

 Editorial


En septiembre, el gobierno conmemoró la gesta impulsada por quienes firmes a sus convicciones ofrendaron su vida a la causa de la independencia del país. Con el pensamiento liberal y el sueño independentista enarbolado por Leona Vicario, Josefa Ortiz de Domínguez, Altagracia Mercado, Miguel Hidalgo, José María Morelos, Francisco Javier Milla entre muchos hombres y mujeres que ofrendaron su vida a la causa de la libertad; el pueblo mexicano se alzó en armas y se desarrollo la guerra de independencia que culminó con la entrada del Ejército Trigarante a la ciudad de México, un 27 de septiembre de 1827.


Esta vez, la diferencia de esta conmemoración con la que tradicionalmente realizaron los gobiernos del PAN y del PRI, incluso con las que este gobierno realizó los últimos dos años, fue la presencia de mandatarios de los gobiernos de los países Latinoamericanos y del Caribe. Precedido en agosto por un posicionamiento que condenó la sangrienta invasión encabezada por Hernán Cortez, réplicas y contra réplicas a exigencias para que el rey español pida,  disculpas a los pueblos indígenas por el genocidio que implementaron, septiembre tuvo, a finales, un posicionamiento de justicia al pueblo Yaqui y una petición de perdón del gobierno por los “agravios” cometidos contra los pueblos originarios.


Presenciamos discursos que condenaron el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto contra Cuba por el imperialismo estadounidense. El presidente de Cuba, Miguel Díaz Canel fue invitado especial a la celebración de la Independencia, en su discurso reconoció que la presencia de López Obrador en el gobierno de México contribuía al cambio de la correlación de fuerzas que se manifiesta en el continente. Unos días después se realizó la reunión de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe, en la que se habló de la integración económica y de la unidad Latinoamericana. La memoria de Simón Bolívar apareció en Palacio Nacional.


El reclamo de la soberanía de la nación, por la que lucharon los héroes de la independencia apareció aunado a la participación de los cosmonautas rusos en la celebración de los 200 años de la caída de Tenochtitlán y del mensaje remoto del presidente  Xi Jinping en la reunión de la CELAC. La conquista de la soberanía implica más que eso, pero se ha evidenciado que el camino que pretende este gobierno en ese sentido, tarde o temprano tendrá la reacción imperial, reacción que contará con la colaboración de las organizaciones de derecha, golpistas y fascistas. 


Fuera de esos ámbitos oficiales, en eventos públicos presenciales o a través de las redes sociales, fueron recordados los participantes del Grupo Popular Guerrillero que el 23 de septiembre de 1963 atacaron al cuartel Madera en Chihuahua. Esta gesta heroica encabezada por Arturo Gámiz y doce combatientes es reivindicada como el inicio de la lucha armada por el socialismo en México, lucha insurgente que da continuidad a la anunciada por el cura Miguel Hidalgo con el grito de independencia. Como muchos combatientes que vivieron para morir resistiendo y luchando con el pueblo, en la historia de nuestro país quedo escrito el nombre de los caídos: Pablo Gómez Ramírez, Miguel Quiñones Pedroza, Rafael Martínez Valdivia, Oscar Sandoval Salinas, Salomón Gaytán Aguirre y Antonio Escobel, Emilio Gámiz García y el comandante Arturo Gamiz. 


Aquel grupo guerrillero fue seguido por números hombres y mujeres que dieron continuidad a la insurgencia armada, a la que el escritor Carlos Montemayor llamó “la guerrilla recurrente”, la que es parte de la realidad política de hoy. La lucha armada contra el estado burgués mexicano propició que en su actividad contrainsurgente, el Estado implementara una estrategia contrarrevolucionaria que no envidiaba nada la desarrollada por las dictaduras de Centro y Sudamérica. Miles de asesinados y de desaparecidos fue el saldo de la brutalidad realizada en contra del “comunismo”.


La presión guerrillera se sumó a otros factores que obligaron al Estado a implementar en su lucha contrainsurgente la llamada reforma política en 1977. Además de los insurgentes, atrás estaban las matanzas del 2 de octubre en 1968 y del 10 de junio de 1971. Con esa reforma el Estado pretendió abrir la olla de presión que estaba a punto de explotar, ampliando la participación electoral sentando las bases a la formación y participación de partidos políticos de oposición.


Curiosamente, el anunció de esta reforma la hizo el entonces secretario de gobernación en Chilpancingo, Guerrero, uno de los estados más convulsionados por el descontento social y la participación popular con los grupos guerrilleros encabezados por el Partido de los Pobres y Lucio Cabañas. Desde aquel momento, la izquierda socialista seguiría dos caminos distintos con la decisión de unos de continuar con la resistencia armada y de otros de involucrarse en los causes institucionales. 


Al día de hoy, se puede afirmar que la alternativa socialista ha sido borrada de los causes institucionales y encontramos en el PRD el símbolo de esa traición y en Morena la hegemonía de una mayoría que a decir de muchos críticos internos se ha apoderado del partido y alejado de las bases y del pueblo, desde la cual la derecha y la contrarrevolución seguirán manteniendo la opresión y explotación de nuestro pueblo. El gobierno de hoy no camina hacia el socialismo, no le toca realizar esa revolución. Por eso, la gesta del 23 de septiembre de 1965 no figura en su agenda. El gobierno de hoy, disputa las bases indígenas que tradicionalmente han luchado junto a las organizaciones guerrilleras, por eso permite la agresión contra las comunidades y militancia del EZLN.


Toca a las organizaciones que reivindicamos el socialismo y que desde la perspectiva de la lucha por la vida y la consigna de que otro mundo es posible, construir la alternativa política, económica y social que avance en el camino de la revolución, de la liberación nacional y del poder popular.


La guerra de guerrillas en México, se desarrolló en un contexto latinoamericano en el que el golpe de Estado perpetrado en Chile en contra del presidente Salvador Allende y la instauración de la dictadura militar de Pinochet, que a sangre y fuego abrió paso al experimento neoliberal que se encargaron de establecer más tarde los presidentes imperialistas Ronald Reagan y Margaret Thatcher.  


En esa coyuntura, no había alternativa, se impuso el camino de la guerra a los pueblos, que no dudaron en tomar nuevamente las armas al grito de “Patria o Muerte”. En chile, reivindicando al héroe de la independencia de ese país, Manuel Rodríguez, empuñaron las armas el Frente Patriótico, junto a organizaciones guerrilleras como el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y el Movimiento Juvenil Lautaro. Los pueblos indígenas fueron partícipes de esta rebelión en la que es de considerar la encabezada en Guatemala por grupos guerrilleros que integraron la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca.  


No puede pasar desapercibido, para los socialistas latinoamericanos, y especialmente a los mexicanos, que el gobierno actual ha entregado a los gobiernos represivos y corruptos de Chile y Guatemala, a guerrilleros reconocidos como al guatemalteco César Montes comandante de la entonces Fuerzas Armadas Rebeldes y de Raúl Julio Escobar, “comandante Emilio”, del entonces Frente Patriótico Manuel Rodríguez. No es cuestión de debate, porque esta a simple vista, que los gobiernos chilenos que sucedieron a Pinochet, incluido el de Sebastián Piñera, no han significado la destrucción del Pinochetismo al igual que en Guatemala, incluido el gobierno de Jimmy Morales, son continuidad del de Ríos Montt.


Tal vez esta postura, pueda sumarse a la confrontación que el gobierno obradorista ha tenido con la revolución sandinista, que viene impulsando su revolución después de derrotar el intento de golpe de Estado dirigido desde las élites neoliberales imperialistas de los Estados Unidos en el 2018. Las acciones del gobierno sandinista en contra de personas encumbradas por la propaganda mediática como líderes de oposición en ese país, tienen el mismo argumento por el cual el Presidente López Obrador solicitó a su homólogo estadounidense el cese del financiamiento a la asociación civil Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, encabezada por el tristemente célebre Claudio X González.


De cualquier forma, la cuarta transformación sigue esgrimiendo sus argumentos. Toca a los socialistas, demostrar que tenemos la capacidad de ganar la conciencia y voluntad del pueblo para construir la alternativa real capaz de llevar el proceso de transformación a la revolución socialista.






https://www.yumpu.com/es/document/read/66489207/revista-poder-popular-4

jueves, 1 de octubre de 2020

Apuntes para hablar de nuestra táctica y nuestra estrategia



Se han cumplido dos años de la llegada de un nuevo partido al gobierno federal, desde su triunfo en las elecciones, pasando por la toma de poder y observando el desarrollo de sus políticas, se ha debatido sobre algunos temas, todo relacionado con lo que a todas luces es una nueva coyuntura política para el país, aunque la lectura de la misma depende del prisma con que se vea y  al final del día la practica será el ultimo criterio de la verdad y los hechos serán el mejor testimonio del veredicto histórico.

Para la derecha recalcitrante del país, Obrador es un populista, un caudillo autoritario, enemigo de la democracia, un potencial dictador y en síntesis un peligro para México; para los Zapatistas se trata de la cuarta transformación del PRI inspirada en el viejo PRM que nacionalizó el petróleo y desarrolló una gran capacidad de cooptación a través del corporativismo y una política económica de bienestar;  para algunos socialistas y comunistas, es un neoliberal que se ajusta a las directrices del consenso de Washington, la prueba mayor seria su respeto a la autonomía del Banco de México y su postulado de disciplina fiscal; para otros en el mismo espectro de la izquierda, esta claro que ni Obrador ni Morena  representan una alternativa anticapitalista, pero en el marco de las contradicciones interburguesas podría representar una oportunidad para el empoderamiento popular.

La solución de esta contradicción transita por diferentes caminos y adquiere distintos rostros de acuerdo con las características de cada país: En los EEUU ha dado lugar a una expresión  nacionalista, de corte racista y con tendencia neofascista, lo mismo que en Brasil, con rasgos gorilescos propios de las dictaduras militares de antaño; en Bolivia, Venezuela y Cuba , con mayor o menor éxito, se buscan opciones anticapitalistas, con un proclamado horizonte socialista,  pero con el desafío  ineludible de tener que profundizar los procesos a la sombra del imperialismo que no cesa sus agresiones; en otros países como Argentina, Ecuador y México se transita alternativamente de regímenes de derecha neo liberales propensos al fascismo a otros de corte progresista que es insuficiente  para su análisis, catalogar como socialdemócratas, keynesianos o neo populistas ya que son el resultado del pulso de fuerza entre intereses políticos y económicos con distintos visiones y proyectos de nación y en ningún lado existen modelos económicos y políticos puros, a menos que en nuestro imaginario tengamos una camisa de fuerza para someter a la realidad.

En el espectro de opiniones de la izquierda socialista se coincide en que la alternativa morenista, hoy encabezada por AMLO, no representa una opción anticapitalista. Su plataforma económica, política e ideológica apunta mas hacia una economía de trazos keynesianos y muy cercana al Estado Benefactor, en tanto que en lo político sus propuestas tienden a tomar distancia de la democracia representativa y se aproximan a una democracia participativa. En el terreno ideológico su bautismo evoca al liberalismo jacobino de mediados del siglo XIX, salpicado por la ideología pos revolucionaria de principios del Siglo XX: El nacionalismo revolucionario.

Cualquier caracterización de los componentes de la plataforma politica de Morena encuentra rápidamente dos aspectos transversales: Su énfasis en la reivindicación de los derechos sociales y su aversión “ por lo menos declarativa” a las políticas neoliberales.

Hay que considerar también que el actual presidente de México cuenta con un amplio margen de legitimidad, no solo por la copiosa participación electoral de los votantes, sino también por el amplio margen de diferencia existente, respecto de sus más cercanos contrincantes.

En términos parlamentarios Morena cuenta con el suficiente poder en las Cámaras para impulsar su autodenominada “Cuarta transformación de la República".

La denominada " Cuarta transformación de México ", constituye un esfuerzo de modernización de la estructura económica rural, para incorporar su capital al desarrollo capitalista, en tanto que en las áreas urbanas se busca revitalizar el papel de la mediana y pequeña industria para incorporar su capital al desarrollo nacional.

En el cruce de ambos propósitos, se alienta, con la política socialmente benefactora, el robustecimiento de los sectores medios (profesionistas, maestros, trabajadores de la salud, estudiantes, etc), no directamente vinculados al proceso de producción de bienes materiales, en la idea, de que sea esta " clase media" la que acolchone el antagonismo estructural, entre capital y trabajo, entre obreros y patrones, entre ricos y pobres.

Este es el viejo y recurrente ideal del liberalismo radical, inspirado en las tesis de Juan Jacobo Rousseau, el mismo que en su ensayo sobre "El origen de la desigualdad entre los hombres", sentenció que el surgimiento de la propiedad privada terminaría por descomponer el "Estado de Naturaleza" en que vivían los hombres socialmente armónicos y antepuso la necesidad de establecer un Contrato Social basado en la Soberanía del pueblo, inalienable, intransferible, e imprescriptible, como condición para recuperar la civilidad y racionalidad extraviada 

Es también la vieja y recurrente aspiración de los sectores capitalistas que tras la crisis de 1929 en los EEUU, entendieron que la descontrolada inercia del capitalismo, de producir para el mercado, tendía a generar sobreproducción, no porque hubiera superávit en la atención de la demanda social, sino porque había depresión en los salarios y capacidad de compra en el mercado. Muchos años antes Carlos Marx y Federico Engels habían advertido esta contradicción e indicado la recurrencia cíclica de las "crisis de sobreproducción".

La situación que se vive en pleno siglo XXI en México no esta distante de la crisis: El PIB, pese a la apertura comercial y a la entrega de los recursos energéticos al capital transnacional, simplemente no despega, el " milagro asiático" no se reproduce en el país; si en cambio, a lo largo de 30 años hemos atestiguado el despojo brutal de los trabajadores y la precarización de sus condiciones laborales y de vida; la concentración de la riqueza nacional en 24 familias y la pobreza indignante de la gran mayoría de la población, que cuando no vive en la miseria, viven, si bien les va, ahorcados por sus deudas a expensas del capital financiero.

La polarización y descomposición social, la descampenización de los ejidos, tras la reforma salinista, al 27 constitucional; el arribo del capitalismo salvaje, el outsoursing (trabajo a destajo y por horas); el fortalecimiento de la criminalidad y la expansión de la inseguridad; el contubernio de los funcionarios públicos con el narco, en un relación simbiótica sin precedentes; los atentados contra la libertad de prensa y los luchadores sociales; la persistencia de la tortura y la desaparición forzada; el alineamiento a los intereses geopolíticos gringos, a pesar de su conducta fascista, no son mas que la expresión de una profunda crisis del Estado Nacional en su dimensión política, económica y social, gestada al amparo de los gobiernos neoliberales y el Consenso de Washington.

La alternativa morenista, larvada a lo largo de la triste noche neoliberal, encontró finalmente terreno fértil para hacerse del poder por la vía electoral; atrás, como parte del proceso de la ascendente inconformidad del pueblo queda el levantamiento zapatista primero y eperrista después, la comuna de Oaxaca liderada por la APPO, las luchas contra el aeropuerto liderado por el FPDT de Atenco, las luchas por mejores condiciones laborales de los trabajadores agrícolas de San Quintín, Ayotzinapa, Nochixtlan, y muchas otras, como los estertores de un grito ahogado en la garganta, en espera de que llegue el día en que se descongestione la izquierda socialista, anclada en su fraccionamiento y en su incapacidad de constituirse en una alternativa nacional.

No es la hora de rasgarnos las vestiduras por el jubilo obradorista y nuestra impotencia socialista, tampoco de asumirnos como francotiradores de la primavera morenista por no hacer lo que los socialistas no hemos podido hacer. Es la hora de aprovechar las oportunidades que brinda el naufragio neoliberal para empoderar al pueblo y avanzar en cumplimiento de las tareas democráticas de la revolución socialista.

Los socialistas y comunistas debemos ser los más intransigentes centinelas de la proclama anti neoliberal, no solo de palabra, sino en las calles que es donde se forja la fuerza social del cambio que aspiramos. Debemos estar en las plazas morenistas reclamando la abrogación de las reformas estructurales y apuntalando el posicionamiento de la democracia sindical en el magisterio, en el sector petrolero y en todo el sistema laboral, empujando para desterrar a los sindicatos blancos, facilitando el derecho de huelga, los contratos colectivos y la organización sindical de los trabajadores; debemos reclamar la libertad de todos los presos políticos del país y la presentación con vida de los desaparecidos; debemos empujar la recuperación de los recursos energéticos del subsuelo, entregados vilmente a los consorcios extranjeros; defender el agua y la luz como derechos humanos y sociales frente a la privatización neoliberal; empujar la democratización del espacio radioeléctrico de los medios de comunicación; apoyar los acuerdos de San Andrés y a las comunidades autónomas zapatistas; a nuestros connacionales mas allá del Río Bravo, frente al fascismo imperial; tenemos que empujar el regreso del ejército a sus cuarteles y oponernos a la ley de seguridad interior, preludio de nuevos escenarios de la guerra sucia vividos en la segunda mitad del siglo XX ; debemos defender también el derecho a la autodefensas de las comuniades y de la población; debemos demandar una política exterior que pugne por el respeto a la auto determinación de los pueblos y la solución pacífica de los conflictos, que recupere la política de asilo que trajo a nuestro país a los Republicanos españoles enfrentados con la tiranía de Franco, a los socialistas chilenos enfrentados con la dictadura de Pinochet, a los guerrilleros cubanos y centroamericanos que conmovieron al continente con el rugir libertario de sus fusiles.

Al cumplir estas tareas avanzamos en la lucha socialista siempre y cuando, lo hagamos preservando nuestra independencia política e ideológica, lo hagamos de la mano del pueblo en sus trincheras cotidianas de lucha, exigiendo el rendimiento de cuentas y la revocación de mandato.

En esta etapa de lucha antineoliberal y por la democracia participativa se deben organizar las bases políticas y sociales de la futura revolución socialista, creándolas donde no existen, robusteciéndolas donde ya existen y construyendo la unidad del pueblo y sus organizaciones, preparándonos para los combates decisivos que se anuncian en el horizonte.


domingo, 27 de septiembre de 2020

La unidad de los comunistas como premisa para construir una dirección política



( Texto presentado en la 1er. Cumbre de Socialistas y Comunistas )

No es la primera vez que varias organizaciones de carácter socialista y comunista intentan hacer posible caminar unificadamente. Muchas han sido las experiencias fallidas, incluso como experiencia unificadora Izquierda Democrática Popular (IDP), nace a la vida con el objetivo de resarcir esa demanda histórica, ya que en ella convergieron por lo menos tres experiencias en su creación: el Colectivo de ex presos políticos, el Taller de Arte e Ideología (TAI), y el grupo de médicos Ernesto “Che” Guevara.

Recientemente, como organización tenemos presente nuestra participación dentro del Foro de Izquierda Proletaria y de los encuentros de socialistas y comunistas. En particular este ultimo nos dio la oportunidad de conocer a varias agrupaciones de carácter socialista, sobre todo del centro del país. Y puso en evidencia la dispersión que tenia el movimiento comunista en general y lo difícil que es trabajar unificadamente, mucho más si hablamos de tratar de construir una dirección revolucionaria única.

Sin embargo, coincidimos ampliamente en que la dispersión de las fuerzas comunistas es una característica que debemos rebasar, ya que eso tiene como consecuencia la marginalidad de los comunistas en la coyuntura política nacional, solo que hasta hoy no hemos encontrado la manera.

Si bien la realización de los encuentros de socialistas y comunistas ponen en evidencia la disposición de las diversas organizaciones para rebasar la dispersión, no hemos encontrado la formula correcta que nos permita convivir permanentemente en un clima de respeto y de acuerdos consensados.

Creemos que para construir la unidad y sobre todo para ir rebasando la dispersión, en primer termino debemos partir de construir la confianza desde el punto de vista humano para después extrapolarlo a los puntos de vista teorico-políticos.

Una de las desventajas que hemos encontrado es que los comunistas en general tenemos una tendencia hacia la exquisitez teórica, que si bien da piso para la reflexión académica, en ocasiones nos quita la mirada de tareas más terrenales y no por eso mucho menos importantes como es organizar el descontento popular.

La dispersión geográfica es otro de los factores que, en lugar de favorecernos, juegan en nuestra contra. No hay rincón a lo largo y ancho del país en el que no exista una agrupación de corte socialista. Sin embargo, el hecho de estar en ciertas regiones del país le impide tener una visión nacional de las coyunturas políticas nacionales, aunque a nivel regional tenga la capacidad de tomarle el pulso a la situación política e incluso poner a su favor la correlación de fuerzas. Algo que nos puede ayudar a resarcir dicho problema es la utilización de las diferentes plataformas digitales, esto permite a diferentes personas situados en diferentes áreas geográficas, ir teniendo una lectura nacional del estado que guarda el movimiento comunista.

Lamentablemente en nuestro país la descomposición del modelo neoliberal ha dejado una estela de crisis económica, que, aunada al despojo de los bienes de la nación, ha agravado la situación de pobreza en la que viven por lo menos la mitad de la población. En México, los últimos dos sexenios han estado marcados por la violencia en amplias zonas del país. Hablar de desaparición forzada, feminicidios y asesinatos multitudinarios se ha vuelto normal, no solo en la nota roja de los periódicos, sino en la vida cotidiana de la mayoría de los mexicanos.

Hablar de los saldos de maldad y muerte y no sentir la necesidad de cambiar de rumbo, sería un error, desde el punto de vista humano y desde el punto de vista político. Pero bajo el estado que guarda el movimiento comunista a nivel nacional, nuestras aportaciones para este cambio de rumbo, son algo mas que marginales. Sin embargo, nos empieza a quedar claro la necesidad rebasar dicha dispersión.

En la década de los 60, en algunos casos desde antes, circunscribiéndonos al ámbito latinoamericano, se desarrollaron movimientos populares armados en contra de dictaduras militares y regímenes de fachada civil, pero en realidad de corte militar. El auge de la lucha armada revolucionaria se vio aún más revitalizada por el triunfo de la revolución cubana. En ese momento, no cabía la menor duda, la lucha era político-militar. El imperialismo estadounidense implementaba su estratégica de seguridad nacional que mostró al mundo hasta qué grado de criminalidad es capaz para sostener su dominación.

El movimiento socialista-comunista se dividió en dos, porque una parte se plegaría después a favor de reformas políticas que se abrían con objetivos contrainsurgentes. La mayor parte de quienes abrazaron antes el comunismo y decidieron participar en la institucionalidad política se plegaron a las voces que anunciaron el fracaso del “experimento marxista” y por tanto de su supuesta doctrina “ortodoxa, dogmática y totalitaria”. Por el otro lado, las fuerzas que desplegaron la lucha armada desarrollaron las tesis marxistas sobre la guerra, pero la mayor parte sucumbieron ante la atroz embestida del imperialismo. Uno de los factores que contribuyó decisivamente en su derrota fue la caída del bloque socialista en el mundo. 

Así, el movimiento comunista en Latinoamérica y en el mundo sufrió una derrota de la que aún no se ha repuesto y cuyos bríos actuales apenas y se perciben. La organización comunista quedó dividida, disminuida en grupos atomizados incapaces de ponerse a la cabeza de la lucha popular. Es la nunca lograda Internacional Comunista de Marx, es el proletariado sin cabeza de José Revueltas.

Cuando se pone en la mesa del análisis la discusión de ¿cómo aglutinar a la “masa” proletaria? ¿cómo estructurarla para la resistencia y el enfrentamiento con el Imperio? No deja de aparecer la idea del Partido Comunista, no nos referimos al de los iluminados, sino al de quienes tienen la decisión, la voluntad, la conciencia de asumir la tarea de la organización popular en estructuras que sean capaces de enfrentar al poderío del imperio; es pues, la organización de la guerra de todo el pueblo, en múltiples trincheras y posiciones.

En la medida en que esta conciencia se exprese en todos los sectores en resistencia como la identificación plena del imperialismo como expresión clara de los intereses de la clase capitalista, contrapuesto a la clase trabajadora y a los pueblos, enemigo de la humanidad, y del poderío militar que tiene, entonces el proletariado sabrá que la lucha transformadora es un asunto de vida o muerte.


Se trata de forjar la conciencia proletaria para oponerla a la burguesa, de su organización política, porque el contenido de la revolución que se pretende es la destrucción y liquidación de los instrumentos de poder del estado usando los instrumentos de poder del proletariado. El problema inmediato es el mismo, es el de la unidad de los movimientos sociales y organizaciones políticas, los cuales en México se encuentran realizados desde diferentes escenarios de lucha, pero al mismo tiempo convocados por diferentes referentes que constituyen proyectos de unidad hacia un solo frente de masas. En todos los referentes participan las expresiones socialistas y comunistas, intentando posicionar sus consignas. 

Conscientes de que la toma del poder para transformar esta realidad y construir el socialismo, como etapa de transición hacia la sociedad sin clases, no se puede hacer de manera aislada, hemos decidido participar en espacios para la unidad de las fuerzas proletarias, donde se luche por la emancipación de los pueblos y por los intereses de las grandes mayorías.

Identificamos dos condiciones que problematizan o ayudan a la discusión sobre la unidad:

a) La condición objetiva para la unidad de las fuerzas de la izquierda proletaria está determinada por las condiciones de explotación de la clase trabajadora en México, cada vez más pobres y paupérrimos. La relación de sometimiento de la clase obrera representa una contradicción que genera por un lado inmensas masas de mexicanos pobres y una minoría de ricos empresarios aliados al capital mundial.

b) La condición subjetiva: En el pasado han sido numerosos los intentos de distintas organizaciones para conformar la unidad de los comunistas. Citamos solo para recordar algunos el del Frente Nacional Contra la Represión, el Frente Nacional de Organizaciones de Masas, el FAC-MLN, El Diálogo Nacional, etc. Pero ésta no se ha logrado. ¿Por qué? Porque en estos intentos confluyeron organismos y personas que representaban intereses, formas tácticas y estrategias distintas. El objetivo, de una parte, que se llama de izquierda, al participar en estos intentos unitarios, era el de montarse en el trabajo político que a través de estas organizaciones podía desarrollarse para capitalizar sus aspiraciones personales, burocráticas y parlamentarias. La otra parte se sentía atraída por las coyunturas y movilizaciones que se desarrollaron, por la idea de un frente común contra el partido de estado.

La necesidad de la unidad de los comunistas no es expresión del grito de una sola organización. Es la hora de enfocar parte de nuestros esfuerzos en esta dirección, pues los mismos acontecimientos nos lo exigen. ¿Cuál es entonces nuestra línea a seguir?

El piso sobre el que se levanta el proceso unitario es la unidad de acción y de lucha. Está no debe limitarse a una respuesta contestataria a esta u otra política económica del Estado o hecho represivo. La acción dentro del proceso unitario también debe contemplar la planeación, organización y movilización de las masas en acciones políticas destinadas a crear nuestras propias coyunturas, poner en la palestra política determinadas demandas y planteamientos propios, desarrollar la autonomía organizativa e ideológica y, sobre todo, incrustarnos en la vida política nacional, permitiendo la ampliación y avance de la unidad.

De la Coordinación a la Alianza Política y de ésta a la Conformación del Frente Político.

1.- De la Coordinación.

La coordinación es la suma de esfuerzos en torno a un objetivo común y de mediano plazo. El objetivo está determinado por una necesidad de posicionamiento y crecimiento de las propias fuerzas, por la reivindicación de demandas políticas y económicas del pueblo, por la respuesta a hechos represivos y la solidaridad incondicional. La coordinación es el inicio del proceso de unidad, su primera fase y en ella exponemos nuestras alternativas y conceptos y recibimos las de otras organizaciones; nos ponemos de acuerdo y realizamos tareas en común. 

Las formas que adquiere la coordinación son bastas. Puede darse a través del intercambio de experiencias, una publicación, la realización de eventos político-culturales, foros, movilizaciones, acciones políticas y hasta en la definición de las formas de intervención y afectación en las contiendas electorales.

2.- De la Alianza Política.

El objetivo de la alianza es agrupar al mayor número posible de fuerzas de izquierda y aislar al máximo al enemigo principal. La alianza es una suma de esfuerzos en torno a un plan de lucha común. Esta suma de esfuerzos puede ser temporal y duradera, de acuerdo al desarrollo diverso del proceso de unidad. En la alianza se plantean de forma franca los desacuerdos, se da la lucha ideológica y política

En las alianzas las expresiones participantes mantienen su independencia política, ideológica y orgánica. Entre ellas no debe existir subordinación, sino el acuerdo y la unidad de acción en torno a intereses y objetivos comunes. Las alianzas deben propiciar un mayor avance en la organización del pueblo.

La coordinación en la alianza no significa la eliminación de las diferencias y contradicciones entre los diferentes aliados. La base del frente está determinada por la oposición de todos los grupos frente al enemigo común, permitiéndonos aglutinar más fuerza para golpear más fuerte. 

3.- Del Frente de Masas.

La construcción del Frente Político de Masas es una condición indispensable de la lucha por el Socialismo. Significa dotar a las masas trabajadoras, campesinas y populares de una herramienta principal en la batalla por el Socialismo. Los miembros del frente mantienen su independencia política y organizativa. Son autónomas. Luchan dentro del mismo por hegemonizar y lograr la dirección, lo cual es natural. El principio de la unidad es la camaradería y la solidaridad irrestricta e incondicional. Las organizaciones marxistas proletarias deben tener la suficiente amplitud, flexibilidad e inteligencia en la construcción del Frente para llevarlo a cabo, reunir a todas las clases y grupos sociales para aislar al Estado opresor y sus lacayos.

El Frente de masas debe tener su propia estructura e institucionalidad, que norme la toma de decisiones y las formas operativas de llevarlas a cabo; así como la relación entre los compañeros y las organizaciones. Esta institucionalidad debe respetar la autonomía e independencia de cada una de las organizaciones que conformen el frente.

La acción permanente consistente en la movilización y educación de las masas debe pasar por el balance y el análisis de sus procedimientos y resultados. El accionar político constituye la forma en que se manifiesta el aprendizaje en la construcción del frente y de las masas. El accionar político es nuestro constante contacto con la realidad y nuestra forma de evaluar nuestra táctica y estrategia. Sólo mediante nuestra actividad práctica se verificará lo acertado de tal o cual posición y sólo la realidad irá resolviendo las contradicciones al interior del frente. Ello requiere madurez y flexibilidad. Las organizaciones del frente deben respetar disciplinadamente las decisiones que al interior del mismo se resuelvan y llevarlas a cabo, aun cuando no las compartamos y creamos seriamente que son equivocadas. Contrastarlas con la realidad a través de nuestro accionar político es la única forma de constatar su certeza.

Las organizaciones que participamos en esta Cumbre de Comunistas, debemos considerar este espacio para la unidad de las fuerzas de la izquierda proletaria, como una oportunidad, convencidos de la necesidad de impulsar la unidad como tarea prioritaria y fundamental de la lucha comunista, y de la necesidad de fortalecer la discusión, el análisis, la coordinación y la unidad de acción.