lunes, 19 de mayo de 2014

INTERVENCIÓN DE ALBERTO HIJAR SERRANO, SECRETARIO GENERAL 1999-2002 DE IZQUIERDA DEMOCRATICA POPULAR, EN EL MARCO DEL ACTO CONSTITUTIVO DE NUESTRA ORGANIZACIÓN

CELEBRADO EL 31 DE ENERO DE 1999 EN EL TEATRO DEL PUEBLO


No es fácil conseguir el uso de este Teatro del Pueblo para nuestro acto fundacional. Es importante empezar por esto porque habremos de vencer dificultades y obstáculos variados a partir de ahora y en medio del caos generalizado por la globalización capitalista y la terquedad dañina hecha gobierno. Importa el lugar porque nos han ido significando los espacios que fueran nuestros con anuncios trasnacionales y los modos de vida que los acompañan. Aquí, en cambio, estamos arriba de los murales de un gringo ejemplar que fue Pablo O´Higgings, pintor de las luchas populares, de los trabajadores del campo y la ciudad, de la infamia de banqueros y represores del pueblo infiltrado con toda suerte de traidor

es. Importa este modo de significar, internacionalista y profundamente nacional porque forma parte de la reivindicación que nos proponemos de las luchas del pueblo de México por sus plenos derechos.

Con este sentido, no queremos más pronunciamientos declamatorios ni por la nación ni por el socialismo, sino queremos transitar ya hacia una nación donde dejen de mangonearnos un pequeño grupo de especuladores con los bienes del pueblo, que él produce pero no goza.

De aquí nuestro nombre ahora que ha quedado clara la incapacidad histórica de la burguesía para cumplir su proclama de 1789 por la libertad, igualdad y fraternidad. Jamás en la historia, la desigualdad como impedimento de la libertad y la fraternidad había llegado a los extremos actuales. La barbarie capitalista ha envenenado el ambiente al comprar y vender cada centímetro de tierra, aire y agua. La barbarie capitalista concentra riqueza y poder en una quinta parte de la población de México, mientras somete a miseria extrema a dos quintas partes de ella y ofrece un negro porvenir a otro quinto de nuestra riqueza humana, hoy degradada y desesperanzada por obra y gracia de un gobierno de espaldas al pueblo y de rodillas ante los grandes consorcios trasnacionales.

No somos nosotros quienes hemos decidido que las cosas sean así. No somos nosotros quienes hemos decretado una cadena continua de crisis financieras y bursátiles, ni somos nosotros los ejecutores del sacrifico de los trabajadores del campo y de la ciudad más humildes y más heroicos. Tampoco nosotros hemos roto en definitiva la unidad nacional que nunca ha existido. Nosotros en cambio, queremos actuar desde ahora para contribuir a la construcción de relaciones sociales plenas y justas y para ello, nada mejor que luchar por la democracia.

Nos han reducido la democracia a su dimensión parlamentaria burguesa, a sus trámites electorales, a sus grillas oportunistas y logreras. Poco tiene que ver en todo esto el pueblo de México y a lo más se suma al menos peor a sabiendas de que habrá de elegir en desairadas elecciones a quienes los van a oprimir y reprimir en el siguiente tiempo de gobierno. Todo esto lo tenemos claro, pero también la necesidad urgente de construir una organización beligerante en esta lucha donde el pueblo de México tiene importantes puestos de avanzada política y social como lo prueban las presencias fraternas en este acto. Es urgente construir la organización como alternativa a la reducción burguesa de la democracia y para ello, ni nos proclamamos los mejores ni tampoco queremos la marginalidad, ni el precarismo ni la permanencia como franco tiradores. Ya estuvo bien de llamar a la organización del pueblo para siempre posponer su accionar, ya estuvo bien de llorar por el neoliberalismo y la globalización sin arraigar su réplica en las masas.

Arraigar quiere decir enraizar para hacer crecer. Esto es lo que queremos: sembrar la raíz de una democracia que sí pueda cumplir aquello que nos enseñaron en la escuela para jamás cumplírnoslo: del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Y no soñamos que esto pueda crecer al margen del poder, ni como pura movilización y opinión, esos recursos que por válidos y legítimos que sean no traspasan los oídos sordos de gobernantes envilecidos por la preservación de un modelo económico político de profunda destrucción humana.

Ya se levantan en todo el mundo los contingentes opuestos a la destrucción programada de la humanidad en los centros de cómputo de los grandes núcleos de poder imperial. México ocupa en esta emergencia un lugar estratégico y así lo entiende el Vaticano y quienes desde Washington instrumentan al gobierno de México para hacerlo de propagandista y ejecutor de tratados de libre comercio, empréstitos y toda suerte de maniobras monetarias, financieras y bursátiles para enriquecer más a los que más tienen y empobrecer más a quienes no tienen más que su fuerza de trabajo, cada vez más barata, menos protegida, más inhumana. El gobierno mexicano es pivote y agente de todas las tropelías imperialistas y ha dicho insistentemente que con tal de preservar el modelo aplicado artificial y brutalmente, está dispuesto a aceptar alternancias de poder.

Pero la terca realidad trabaja a nuestro favor. Ya nadie que no tenga mierda financiera por cerebro y corazón, cree en los discursos de los altos funcionarios y de cuando en cuando, son los propios banqueros, empresarios, cardenales y profesionales de la política democrático-burguesa, quienes objetan la terquedad del gobierno mexicano.

Frente a esto nos quisieran mudos y paralíticos. Cuando nos movemos y gritamos para hacernos escuchar, nos reprimen, nos torturan, nos desaparecen, nos incuban juicios profundamente injustos. Unos más, otros menos, todos somos víctimas de la ausencia de estado de derecho para nosotros. Para los de arriba, en cambio, sobran recursos legaloides, consignas ejecutivas y recomendaciones influyentes, para borrar delitos y modificar procesos. Yo les pregunto compañeros si esto es la democracia que queremos, que necesitamos. ¿Qué presente y qué futuro se construye así fuera de nuestras necesidades y nuestras decisiones?. ¿Basta en esta situación injusta con objetar y protestar sin construir poder popular? Creo que no basta.

Democracia y poder popular son inseparables si es que hemos de construir en la práctica y en la teoría una democracia superior a la que ya fracasó históricamente. Recuerdo a Judith Reyes cuando decía mientras peor mejor. Lo bueno de todo lo malo que estamos sufriendo es la certeza histórica de que tenemos la razón, de que la alternativa histórica a la barbarie capitalista tardía y en estado terminal es la construcción de la vida nueva con y para el pueblo.

Habrá quien nos diga que no somos clasistas. Por supuesto que lo somos al advertir que la dejadez obrera apenas conmovida con heroicos esfuerzos organizativos progresistas, sólo puede ser vencida si articulamos y vinculamos las demandas de sectores, gremios y grupos de trabajadores a la gran demanda de construcción de la ruptura con el capitalismo. Pero lo cierto es que fundamos Izquierda Democrática Popular cuando nos llegó hasta lo máximo el asco por la pura denuncia, por la movilización sin proyecto histórico, por el usufructo de los pequeños triunfos y la amargura de las grandes derrotas.

El sujeto histórico y social que queremos, como se ve, tiene raíz de clase y hemos de formarlo con claridad y constancia de modo de cumplir con la verdad, a veces olvidada, de hacer el proletariado para sí y no sólo en sí. Quiero decir con esto que más que pueblo a secas, queremos pueblo en lucha, con plena conciencia de su lugar en la democracia. En pocas palabras, dispuesto para el poder popular. De aquí la organización y el calificativo de popular a la democracia que queremos, de aquí la urgencia de orientar nuestros trabajos a que no haya luchas aisladas, sino unidad popular, poder popular.



Decía Roque Dalton que nadie debiera vivir de sus cicatrices. Estamos en la dirigencia primera del Izquierda Democrática Popular, compañeros no hace mucho egresados de penales de alta seguridad a las que llegaron después de ser secuestrados y torturados. Recordamos ahora a tantos compañeros que por exigir democracia y hacerse oír, están presos y recordamos también a quienes nos dejaron ejemplo de consistencia política con amor al pueblo. Pero no queremos ni debemos vivir de nuestras cicatrices, aunque tampoco aceptamos la repulsa miedosa de quienes no quieren juntarse con nosotros porque los contaminamos de radicalismo. En todo caso, nuestro radicalismo quiere decir el tocar la raíz popular de nuestras demandas democratizadoras y en ello nos acompañan luchadores y combatientes sociales de probada capacidad.

Hoy arrancamos públicamente. Habrá necesidad de discutir todo esto, de precisarlo, de enriquecerlo. Tendremos que probar nuestras capacidades cada minuto porque queremos una democracia deliberante y crítica ejecutora a partir de la raíz popular, de modo que contra las tradiciones de eternización en el poder, más que los prestigios y las famas reivindicamos el trabajo y con él y por él, la práctica de la democracia que premia, que sanciona, que castiga, siempre en función de la meta para esta etapa de lucha, de organización popular creciente, de construcción del sujeto garantizador de un presente de vida plena que todos merecemos. ¡¡POR LA PATRIA EL PODER POPULAR!!

Eso es la patria, compañeras y compañeros, ese lugar, ese tiempo donde en verdad cada quien reciba lo justo por su trabajo, por sus capacidades y todos satisfagan sus necesidades no sólo físicas. A cambio, nos dan lugares donde no estamos a gusto y donde estorbamos, donde otros se benefician del consumo impuesto, a partir de necesidades artificiales favorables al mercado donde cada vez nos es más difícil conseguir nuestra sobrevivencia.

A liberar los espacios en beneficio del pueblo es que llamamos. A darnos un tiempo distinto al de la sucesión de gobiernos a cual más corruptos y represores, a tener tiempo, a ganar tiempo al tiempo de la dura subsistencia, a arrancarlo del desperdicio donde se reproducen las necesidades de la estupidización masiva, del fomento de esperanzas vanas, de proyectos del día que en nada transforman el ya largo dominio de una clase históricamente fracasada pero por esto brutal y arrasadora. Por esa patria ahora sin mención en los discursos oficiales, en los medios al servicio de un estado y sus gobiernos contra la nación donde todos convivamos compañeros, es que fundamos la Izquierda Democrática Popular. Por tanto compañeros, ¡¡ POR LA PATRIA EL PODER POPULAR!! 



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